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A veces ocurre, así, sin más. Las condiciones no son perfectas ni de cerca. La dirección del mar, el tamaño, el viento juegan a la contra; pero algo se mueve. 

 

Remas la primera ola sin esperar gran cosa. Un chapuzón para mojar el traje. Pero enseguida te das cuenta que algo sintoniza. No tienes que hacer nada más que dejarte llevar. Sentir. 

 

Estás en el sitio adecuado, en el momento adecuado, en el equilibrio perfecto. Y ese momento se convierte en un fotograma congelado en el tiempo. Un fragmento de lo que fue y de lo que quedará. Esa es parte de la belleza del surfing. Encontrar ese punto en la línea espacio-tiempo en el que todo es armonía. 

 

Y para mí, desde la orilla, son esos momentos los que hacen especial un baño pequeño y aparentemente feo. Esos momentos en los que la comunicación surfista, tabla, ola funciona sin interrupciones, fluída. Me gusta buscar esos fragmentos, esos fotogramas escondidos entre dos o tres maniobras. Descomponer en pedazitos pequeños cada uno de los movimientos y estudiar los ritmos, las cadencias. Ponerles música y construir una narrativa visual.

By JAN LATUSSEK


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